Quizá te ha pasado alguna vez. Abres el armario por la mañana, lo tienes lleno de ropa… y aun así sientes que nada es para ti. Te pruebas algo, te miras al espejo y piensas: «esta ya no soy yo».
El pantalón que antes te quedaba perfecto ahora aprieta en la cintura. La blusa que tanto te gustaba ya no cae igual. Y poco a poco, casi sin darte cuenta, empiezas a vestirte para pasar desapercibida, en lugar de para sentirte bien.
Y en las tiendas, lo mismo. O todo parece pensado para chicas de veinte años, o es ropa «de señora» que te hace sentir mayor de lo que te sientes por dentro. Como si, a partir de cierto momento, la moda se hubiera olvidado de nosotras.